miércoles, 18 de febrero de 2009

Sur- Eduardo Muñoz



pequeña pieza creada y grabada artesanalmente por el administrador espero les guste...

pD: si quieren mas canciones pidan que las tengo...

viernes, 25 de abril de 2008

versos sobre el niño que vi morir un dia atropeyado por un transantiago

because my dog est aux portes? como une machine estroboscopica desordenada y descarriada de unas ships sin gratie ni place el dies dominica?

es acaso posible ver en sus ojos un poco mas de lastima?
hoy vi un niño desangrarse en medio de un mall
hoy vi un pie sin dueño desprenderse de la pierna de un pobre niño
porque huir? si somos tan cercanos? acaso perder no es valido?
un dia vi nacer un niño en mi ventana
un dia vi caer mi semblante en tu calle, vi mover el piso sin forma atravez de una reja parecida al tiempo y sus circumbalaciones
sin espacios para la vida, sin espacios para la vérité
hoy vi nacer un nuevo rostro en mis manos, vi caer un imperio
mientras tu mirabas mi rostro sonrreias perpleja, con una mirada compleja e incoñexa que no asegura nada mas que el fin
que es validotodosanciamossepararestavidadenuestrasmuertes
nada es mas penoso que este eterno busquedo solo de mi solo
existes? vistes?
desnuda vistes seguramente tus sangres nacer de un pajaro o tus rios correr por el piso calvo de la cienes marchitas por esas flores que algun dia te regalare
te regalare como se ragala una flor apasionada a mi austero sentir
te regalare algun dia como se regala un animal

dejame caer solo en este mall

que el niño llora ahora en una calle ajena al sueño pasado
ajena a una realidad inconexa un niño llora entre gente curiosa
este ser muere cada dia en la calle departamental con roa
entre unas calles que lo vieron junto a mi, mientras en el monumental se gritaban voces de triufo...
quien gano este juego..

niño: serán ahora inconexos estos versos parte de tu cuerpo desmembrado

sábado, 22 de marzo de 2008

viernes, 7 de marzo de 2008

Tres Grises Hijas de mi barrio.

Consecuencia de tristes versos abandonados todos, asomó una mañana en mi camino al trabajo el alarido ciego de la cruda hambre salido de unas mínimas criaturas recién nacidas, al interior de una miserable caja de cartón que escondía a estos tres seres, que en su aspecto tenían mas cercanía a unas lauchas envenenadas que a las tiernas felinas que disfrazaban sus raquíticas, sucias y maltratadas vestimentas, sus cristalinos ojos grises como todo el color que pintaba sus cuerpos, suplicaron enfermas por que concediese a sus perdidas vidas unos segundos de grato respiro; en sus convalecencias mi corazón resbaló sobre sus bocas y no dude complacer con hidalguía sus primarias necesidades con el fin de regalarles la esperanza de una mejor vida. A través de mis manos intente reemplazar osadamente las atenciones de una madre, me convertí durante seis dias en el payaso de una de estas tragedias intransables cuyo desenlace solo aplacé, y mis cuidados no lograron quitar aquella hoz que arrastrábales a los hermosos seres lentamente, posiblemente les falto el calor de los tiernos pezones que les fueron arrancados de los labios a tan prematura edad, el abrazo del vientre de una madre para vivir en aquella grata fantasía que escuda nuestra niñez del pérfido mundo en que caminamos, una áspera lengua que se arrastrare por sus bigotes y les pusiera lindas, con aquellos ojos despiertos, juveniles y sus colas traviesas culebreando al ritmo del corazón de aquella madre que perdieron de vista a incierta distancia en dirección a un mortuorio destierro.
Desesperadamente contemplé impotente desfallecer sus débiles almas, la despiadada hoz les arrancó el aliento de súbito, dejándome entre las manos en una sublime agonía a la ultima de aquellas grises hijas de mi perverso barrio, a quien abracé y contuve en su ultimo respiro, languidecida me regalo una mirada llena de aquel misticismo del que se baña el ser que alcanza un clímax, y con sus ojitos entreabiertos musitó en su breve alarido una melodía con el color de la muerte, quedando su vista fija y perdida en aquel horizonte infinito del que jamás se regresa, con sus carnes ya putrefactas y las fecas que rodeaban todo su cuerpo por la deplorable enfermedad.
Rápidamente las moscas se dejaron caer con esa hostigante arrogancia de buitres asquerosos, impertinentes como siempre, atestaron los cadáveres, dejándome sin tiempo siquiera para contemplar sus cadáveres. Ante mi precaria situación, solo me quedo convertir aquella caja en que intercambiamos un trozo de cada uno en un ataúd de cartón, pagarle a un camión recolector de basura para que las llevase directo a las fauces del culo de mi barrio, convirtiéndolas en polvo y devolviéndolas a la naturaleza cuyo azar envio a un destino maldecido por el caprichoso animal superlativamente absurdo llamado ser humano.

Un viento recorre las sublimes asperezas del teatro de la vida, develando secretos míseros en mínimas acciones de la cotidianidad.

Claudio Fernandez (el loco)